El aprendizaje tras perder.

Desde niña siempre fui la buena, la sumisa, a la que le pegaban los amiguitos en el colegio y se quedaba callada, me hacían bulling, se aprovechaban de mi, me quitaban mis cosas, porque me daba pena pedir que me la devolvieran, me daba pena todo. Siempre pedía perdón por todo, puse a todos por encima de mi. (En este contexto, a veces ser demasiado bueno es malo).

Hasta que…
Perdí a mi primer hijo, una parte de mí. Y me dí cuenta que no tenía nada. Hasta que emigré y sentí que perdí mis raíces, una parte de mi identidad, de mi familia y de mis sueños. Desde allí no quise perder más.

Las pérdidas nos hacen reflexionar y aprender tantas cosas cuando queremos reponernos. Una de ellas fue encontrarme conmigo misma y con el Amor propio. Después de conocer que lo malo existe y que somos vulnerables a todo, comenzamos a proteger lo que nos queda, nuestro corazón, nuestras emociones.

Ya no me doy como antes, ya selecciono mis amistades, los temas de conversación que consumo, y todo el contenido que consumo. Ya solo quiero lo que me haga crecer, lo que me motive a ser mejor persona. Ya no tengo tiempo para rencores, ni para eventos no fértiles.

Las pérdidas nos enseñan a valorar lo que tiene valor y a desechar lo que nos consume energía.

En este 2020, deseo que aprendamos más y más a valorar lo que tiene valor, lo que llena el alma, lo que te aleja de la Ansiedad y angustias innecesarias.

Honrada de acompañarte en tú proceso de sanidad emocional, ¡Sigue Adelante! ¡Si se puede!

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